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3/5/15

Un día en Vila Real de Santo António.



Hola, Finuc@s!

Aprovechando que este finde ha sido puente festivo en todo el país, he pensado en hacer un alto en el camino y dedicar este post a una salida que hice hace pocas semanas a Vila Real de Santo António, en Portugal.  Esta es una excursión que solemos hacer varias veces al año, igual que muchos otros onubenses, ya que la distancia es tan poca hasta la zona del Algarve, que sin darte cuenta, en un plis plas, te plantas en el país vecino...

Cruzando el Guadiana...


Vila Real de Santo António es una pequeña ciudad portuguesa situada en la desembocadura del río Guadiana, y por tanto, fronteriza con España.  Si te asomas al puerto de Ayamonte (Huelva) ves enfrente el puerto de Vila Real, y si cruzas, desde su puerto deportivo veréis enfrente la costa de Ayamonte.

Lo de cruzar, para la gente de Huelva sobre todo,  ha tenido siempre su gracia, porque desde el año 1991 se puede pasar al lado portugués a través del Puente Internacional del Guadiana, una autovía que se convirtió en la forma más rápida y cómoda de viajar a Portugal.  Pero hasta entonces ( y todavía perdura) la única forma de hacerlo era en el ferry, que cada treinta minutos viaja en un sentido y en otro de la ruta Ayamonte-Vila Real, y todavía era más "emocionante" cuando, antes de pertenecer los dos países a la Comunidad Europea, existía el puesto aduanero en los dos puertos y pasabas delante de la "guardinha" portuguesa como si fueras un espía pasando contrabando...casi con el dni en la boca!  Cuando ya estabas en el ferry navegando hacia Ayamonte, respirabas hondo y pensabas "no me han pillao".  Claro que como no fuera contrabando de toallas y café... jajaja


En el Paseo Marítimo, o Avenida da República, se encuentra el puerto deportivo y un edificio tan emblemático como el Grande Hotel Guadiana, un precioso edificio de estilo "art nouveau" diseñado por Ernesto Korrodi en 1926.


Lamentablemente, en la actualidad se encuentra abandonado y muy deteriorado, con el cartel colgado de "vende-se" ("se vende", cómo domino el portugués, ¿eh?), pero no puedes dejar de imaginar la cantidad de historias que se habrán vivido detrás de esas ventanas en sus tiempos de mayor esplendor, sobre todo yo, que habiendo trabajado en la hostelería, sé de buena tinta que de historias y de  historietas se podrían escribir libros y libros en un hotel...



La localidad fue fundada por el Marqués de Pombal a finales del siglo XVIII, como una ciudad industrial pesquera y conservera que hiciera la competencia a la vecina española Isla Cristina, con un trazado de 41 manzanas perfectamente rectangulares, que es lo que se conoce como el trazado "pombalino", y en cuya plaza central (que lleva el nombre del marqués) se encuentra un monumento en honor del rey Don José I y la Iglesia de la Encarnación.


¿Qué compramos? ¿Qué compramos...?


A partir de esta plaza, y perpendicularmente al mar, empieza la calle principal, la Rua Teófilo Braga, repleta de tiendas en las que comprar... ¿qué?  Habéis acertado: ¡TOALLAS! Bueno, toallas y más cosas: albornoces, delantales, paños de cocina... ay, bueno, que todo eso es rizo de algodón, pero es que en Portugal es muy bueno!  Y también hay otras cosas, como pijamas, sábanas, mucho objeto de decoración para el hogar...


Si no habéis ido nunca a Portugal y escucháis cómo hacen broma con el tema de las toallas, no os extrañéis, porque es que hay tiendas y puestos por todas partes en cualquier localidad a la que vayáis, son unos auténticos especialistas del sector.  Yo me hice mi ajuar (oh, qué antigüedad!) en Vila Real y todavía no lo he renovado: calidad, calidad! jajaja.


Y si vais buscando algún regalito o algún detalle para la casa, ya os digo que vais a encontrar de todo en artesanía y en diseño, porque a pesar de ese aire "vintage" que tiene la ciudad, tienen una oferta de productos de decoración muy moderna.


Lo que sí recomiendo es un calzado bien cómodo para recorrer sus calles, porque están todas empedradas con la típica calzada portuguesa, no apta para tacones!  Por lo menos, no para gente tan patosa como yo...  El trazado de sus calles constituye la calzada pombalina más larga de todo el Algarve, y es uno de los encantos de la ciudad.
Otros encantos son la cercana playa de Monte Gordo, o Manta Rota, de finísima arena blanca y aguas turquesas y ¡heladas! aún en verano.  No nos olvidemos de que estamos en la puerta del Atlántico, y el choque de corrientes con el Mediterráneo se nota, y mucho.


Y por último, no os podréis ir del Algarve, ni de Vila Real, sin comprar algo, lo que sea: un paño, unos posavasos, un imán, lo que quiera que sea que lleve un gallo, el famoso gallo de Barcelos, símbolo de fe, justicia y buena suerte en Portugal, y cuya curiosa leyenda podéis conocer en este post de la web "Productos de Portugal", en la que la explican con mucho detalle.

He hecho decenas de veces esta excursión a Vila Real de Santo António, nos separan apenas 60 kilómetros desde mi casa, pero seguro que la haré muchas veces más, y siempre descubriré un encanto nuevo, aunque sea un nuevo modelo de toalla...  Otra vez que vaya os hablaré de lo bien que se come allí!

Y como éste es un domingo especial, no quiero despedirme hoy sin felicitar a todas las madres del mundo mundial que celebran hoy su día.  Yo tengo la suerte de pasarlo hoy con la mía, ya os contaré dónde!

Un millón de besos y de gracias ("obrigado", sigo dominando el portugués!) por haberme acompañado en este pequeño viaje, y nos reencontramos por aquí el miércoles que viene.  Chao!

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