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23/3/16

El menosprecio al artesano

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Hola, Finuc@s!

Este va a ser un post distinto a los que os tengo acostumbrad@s.  Supongo que nada más leer el título ya os habréis quedado un poco a cuadros, pensando a lo mejor "¿qué le pasa a la Finuca hoy?".  Pues un poco de nada y un poco de todo a la vez.  El caso es que, aprovechando que el 19 de marzo se celebró el Día del Artesano, y que estamos en una semana de vacaciones en la que todo el mundo anda un poco disperso por ahí, me he puesto a pensar y a meditar y he decidido plasmarlo en estas reflexiones.



Hace ya tiempo que tenía pensado escribir algo así, porque en este oficio de artesan@, raro es el día que no tienes que andar dando explicaciones sobre tu trabajo o escuchando o leyendo atropellos (porque no se les puede llamar de otra manera) que algunas personas hacen hacia el trabajo artesanal, no entendiendo, o no queriendo entender, todo el esfuerzo, la dedicación y las horas que hay detrás de cada pieza o prenda hecha a mano.

Por empezar por algún sitio, os contaré que fue hace unos días cuando leí el comentario de una compañera artesana en una comunidad de Facebook, "Artesan@s al rescate" (que la verdad es que el nombre está bien escogido, porque allí todo el mundo corre en auxilio y apoyo de tod@s).  Esta compañera nos lanzaba una pregunta, una duda que ella tenía, y era que si debía pedir a un cliente el pago por adelantado de un trabajo personalizado que le iba a hacer, o al menos una parte del precio...


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Aquello fue un visto y no visto: en un segundo saltamos todas como si tuviéramos un resorte, para expresar nuestra opinión y darle nuestro consejo.  Parece de sentido común, pero todavía hay mucha gente que se lo pregunta, y muchos clientes que no entienden que un encargo personalizado se tiene que pagar sí o sí por adelantado.  ¿Por qué?  Porque es personalizado.  No hay más.  Esa prenda o ese objeto está hecho especialmente para esa persona, con sus gustos, sus colores, sus medidas, es un trabajo que se realiza especialmente para esa ocasión.  ¿Y si después de hecho decide que ya no lo quiere?  Pues ese capricho hace que el artesano haya perdido su tiempo, sus materiales, su esfuerzo y la ilusión que ha puesto en ese trabajo. Y ya no lo puede vender a otra persona, que es lo peor...

Para esto tengo una anécdota, vivida en mis carnes.  Yo soy persona de buena fe, que confía en la gente y que me esfuerzo en agradar a todo el mundo todo lo que puedo.  No lo puedo evitar, siempre he sido así.  Y mira por dónde que me llegó una clienta que se enamoró de mis mochilas de guardería y me hizo un par de encargos.  Los pagó, como de costumbre, por adelantado y por transferencia bancaria, y a la hora de recogerlos vino en persona porque vivía cerca de mi domicilio, y así se ahorraba los gastos de envío.  Perfecto.  A los pocos días vuelve a escribirme y me dice que un familiar suyo (su madre) había quedado prendada de las mochilas y quería encargarme una para hacer un regalo.  Eligió el modelo y quedamos en que al día siguiente me iba a hacer la transferencia.

Como se trataba de una chica con la que ya había intercambiado varias conversaciones por whatsapp y teníamos una relación cordial, yo adelanté trabajo y empecé a coser la mochila antes de recibir el ingreso.  Confiaba plenamente.  A los pocos días le escribí diciéndole que ya estaba hecha y que podía pasar a recogerla cuando quisiera.  Ella se sorprendió y, entre risas, me dijo que yo había sido más rápida que ella, que, si eso, me la pagaba en metálico cuando la recogiese porque ya no tenía sentido la transferencia.  Por mí, perfecto.  Confiaba en ella.  Luego, la excusa fue que estaba de viaje y que quedaríamos a la vuelta.  Bien.  Después es que ella sólo podía quedar por las mañanas, y yo sólo por las tardes... qué fastidio...  Voy a resumir, porque sino os voy a tener que contar cientos de excusas: ¡pasaron dos meses!

A los dos meses, la Fina estaba ya como un toro bravo, escarbando para atrás, y le dije que, por favor, me abonase la mochila por transferencia, con sus correspondientes gastos de envío, y que se la enviaría, sino hasta ahí habíamos llegado.  Yo me iba a comer con papas la mochila personalizada, pero zanjaba un asunto que me estaba poniendo ya de los nervios por la tomadura de pelo.  La chica se alteró un poco, siguió dando excusas y buscando la forma de arreglar el asunto de otra forma, pero como yo me planté en mis trece, tuve suerte y acabó haciendo la transferencia, y yo le envié la mochila.  Al cabo de un par de días empezó a preguntarme por whatsapp que por qué no le llegaba, al mismo tiempo que discutía con su madre, y en uno de esos mensajes se equivocó y me mandó a mi uno para su madre en el que, literalmente le decía: "si ya no querías la mochila, me lo hubieras dicho y no se la pago".

Me imagino su cara cuando se diera cuenta de que el mensaje había llegado a la persona equivocada...  Porque la mía era de asombro al saber que pensaban dejármela sin pagar después de dos meses de espera.  Mi única contestación fue que el envío tardaba entre tres y cuatro días y que le mandaba el código de localización de Correos para que le hiciera seguimiento al paquete.  Chim pun!  No volví a saber más.  Ni ganas. 


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Creo que es un claro ejemplo de por qué hay que pedir siempre el pago por adelantado de cualquier encargo que sea personalizado y especialmente realizado para alguien en concreto.  Otro caballo de batalla es el precio que el artesano pone a sus trabajos.  Ahí también me las veo y me las deseo muchas veces, aunque, afortunadamente, cada vez menos.

A todo el mundo le gusta tener algo especial y exclusivo, algo que te diferencie de los demás, que no sea igual a lo que tienen otros, pero luego todo el mundo quiere que le cueste lo mismo que el producto que compras en un bazar chino, que, con todos mis respetos, está hecho en serie y a muchos kilómetros de aquí, donde la mano de obra está muy mal pagada, los materiales son baratos, y así es la calidad... O tienden a pensar que si compran una gran cantidad, el precio se puede reducir como si se tratase de un mayorista, que compra grandes stocks y luego juega con los precios para quitárselos de encima.

El trabajo artesano es otra cosa.  Cada prenda, cada pieza, cada objeto está hecho individualmente de principio a fin, con materiales diferentes para cada uno, con un tiempo y una dedicación exclusivos para cada uno.  Por eso no se puede abaratar el precio, porque el material, el tiempo y el trabajo que lleva hacer cuarenta piezas es el mismo que se lleva una, pero multiplicado por cuarenta.

Aquí tengo otra historieta que contar para explicaros lo que quiero decir con esto.  He tenido encargos de camisetas para despedidas de soltera, por ejemplo, en los que las clientas han sido realmente encantadoras, han entendido desde el primer momento que el producto que estaban comprando iba a ser confeccionado especialmente para ellas, a su gusto, con sus medidas y sus colores y que, por tanto, el precio no podía ser el mismo que el de una camiseta industrial.  Luego, si yo he querido hacer un regalito para premiar una compra tan grande, ha sido cosa mía, pero no porque ellas me lo hayan exigido.  Y para colmo, cuando han recibido el encargo, me han escrito para felicitarme y decirme lo agradecidas que están porque mi trabajo es todavía más vistoso en mano.


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En el lado opuesto, han habido otras personas que han querido hacer negocio a costa de mi trabajo, sin valorar en nada lo que hago.  Me han escrito para pedirme un presupuesto para diez prendas, se lo he dado, y han vuelto a insistir en que me van a comprar cuarenta y quieren que les abarate el precio.  Vale, toca arremangarse y explicar por qué no puedo abaratar el precio, e incluso, por qué no puedo hacer cuarenta prendas iguales!  ¡Es que nunca van a ser iguales!  Es que están hechas a mano, una por una, y por poco que se diferencien, todas son distintas.  Y sino, yo hago que lo sean, porque tengo mi vena de artista bohemia y no me gusta repetir en serie, me gusta lo único y especial.  Por si queréis saberlo, la contestación suele ser "vale".

También me han propuesto que cosa mis flamencas y mis adornos como si fueran parches para venderlos así y que cada cual se lo aplique donde quiera y como quiera, y que les resulte más barato que una camiseta completa o que un bolso.  Gran error.  Entonces me ha tocado explicar cómo es el proceso de montaje de las muñecas, que están llenas de muchos detalles, y que por temas de derechos de autor, sólo yo puedo supervisar dónde se cose una muñeca y cómo se hace.  Que llevan mi nombre y mi etiqueta, y yo me hago responsable del resultado final.  Que no las puedo vender como cromos, vamos.  No tendría por qué explicar esto, pero es que lo más caro de producir de una camiseta es, precisamente, la muñeca, así que...

A esas personas que no valoran el trabajo artesano, hecho a mano, les voy a recordar también un decálogo que circula entre los grupos de artesan@s y que es muy cierto:
Cuando pienses que uno de mis productos artesanos es muuuy caro, ten en cuenta que...
- yo soy quien tiene la idea
- yo soy quien la diseña
- soy la que busca los mejores materiales para cada trabajo
- soy también la que dedica horas y horas a confeccionar nuevas creaciones
- además, me convierto en fotógrafa y edito las fotos para que las veáis lo mejor posible
- me rompo el coco escribiendo un post para presentarlas
- contesto y atiendo a todos los mensajes y comentarios
- dedico todo el tiempo que puedo a publicitar por donde puedo mi trabajo
- preparo los pedidos, bien envueltos y etiquetados
- y salgo corriendo para Correos a llevar los envíos para que lleguen a tiempo
Si después de todo esto, de ser operaria, diseñadora, productora, fotógrafa, bloguera, secretaria, publicista, empaquetadora y mensajera, y desempeñar todas esas funciones con mayor o menor maestría, quieres que cualquiera de mis prendas te cueste lo mismo que si la compraras en un bazar...  es que no sabes apreciar ese esfuerzo y no vas a valorar la prenda como lo que es: algo único y especial.  Hubo una época también, en la que vendía de vez en cuando en mercadillos artesanales, y no había cosa que me doliese más que escuchar al alguien que se parara en el puesto, cogiera algo entre sus manos y le dijese a su acompañante "mira, esto lo hago yo también, es fácil"...  Por lo menos podrían tener la delicadeza de comentarlo en privado y no en la cara del artesan@.  Es una falta de respeto y no está bonito...

Sinceramente, espero no haberos aburrido hoy con mis reflexiones, sobre todo porque la mayoría de l@s que me estáis leyendo ahora lo hacéis porque sois de l@s que valoráis este trabajo, y por eso seguís este blog y otros muchos como éste, mucho mejores incluso.  Pero me apetecía cotillear un poco con vosotr@s y compartir estas situaciones inverosímiles que nos toca vivir a l@s artesan@s un día sí y otro también.  Además, como es tiempo de penitencia y renovación, para la semana que viene vuelvo a comenzar otra vez con nuevas energías y el feng shui a tope!

Un beso grande para tod@s y ojalá disfrutéis mucho del descanso de estos días.  Un millón de gracias por estar ahí.  Se os quiere!  Chao!



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